InicioArticulos personales… En cuanto al dinero …

 

¿Sabemos darle su lugar en nuestras vidas?

Una frase muy común es la de que “El dinero no da la felicidad, pero ayuda a obtenerla”. Quizá tendríamos que plantearnos cuál es nuestro concepto de felicidad hoy en día…

Desde nuestra niñez estamos condicionados por nuestras familias, las cuales, a su vez, están condicionadas por la sociedad, a considerar al dinero como si fuera un “órgano vital”, si hacemos una comparación con el cuerpo humano; es decir, no sería ni un músculo, ni un hueso, ni un tendón… ocuparía un lugar principal: el del cerebro; un cerebro que gobierna todas las partes de nuestro cuerpo, nuestra actividad biológica, nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras ilusiones, nuestra razón, nuestros objetivos…

Asociamos nuestro bienestar general, y todo lo que necesitamos para obtenerlo, al dinero, y a la vez reconocemos que éste nos estresa y que es el causante de la mayoría de nuestros quebraderos de cabeza. Enseñamos a nuestros hijos a que vivan con una misión fundamental (grabada a fuego) y recordada a lo largo de sus vidas de múltiples maneras: “Hay que ganarse la vida con sudor” , “Hay que llegar a ser alguien en la vida “, “ Hay que procurar ser el mejor en todo”, “Hay que competir y luchar para ganar”, “Hay que conseguir tener una buena posición social”, y la más lapidaria de todas: “ Tanto tienes, tanto vales “.

Permitimos que el verdadero sentido de nuestra vida gire en torno a obtener dinero como sea,  o jugando a las mil y una loterías existentes, o  entregando la mayor parte de  nuestro tiempo, la mayor parte de nuestra VIDA, a trabajar para otros, a engordar las arcas de aquellos que muchas veces nos obligan a que veamos sus intereses empresariales, como el auténtico objetivo de nuestro día a día…

Con ello nos condenamos a no poder estar con nuestros hijos, con nuestras parejas y familias, creando una base familiar ficticia y forzada, y que se tambalea a la primera de cambio. Desdeñamos nuestro hermoso lado creativo reduciendo nuestro espíritu imaginativo, limitándonos a adquirir todo lo que  podamos necesitar y sobre todo, lo que no, a cambio de dinero, cuanto más fácil y más rápido, mejor… (Para qué pensar y currar).

Observamos que existe gente más desgraciada que nosotros porque no tienen recursos, y que pasan hambre y penalidades. Nos consideramos privilegiados, y les damos una limosna. Les situamos automáticamente en un escalón social más bajo que el nuestro y procuramos apartarnos de sus vidas. Creamos un muro de separación forjado con bienes materiales y hábitos de consumo que justifican nuestra mayor valía ante ellos.

Eso mismo lo hicieron con nosotros aquellos que  a su vez también fueron discriminados, y juntos hemos logrado crear una enorme pirámide social donde habitan las desigualdades, los abusos de poder, las envidias, las adicciones, las guerras, donde el ego más básico y mediocre prevalece en cada uno, engordando día a día con pretensiones superfluas. Pirámide de cuya cúspide fluye el dinero cual líquido elemento, y en su descenso gravitatorio va quedándose en los distintos escalones inferiores sin conseguir apenas llegar a la base.

Situados en los niveles más altos de la pirámide se encuentran las grandes multinacionales, los monopolios, las mafias y todos los gobiernos de poder, los cuales deberían utilizar ese poder que les otorgan las ingentes cantidades de dinero que poseen para crear una humanidad más sabia, más prospera y por supuesto, más respetuosa del planeta que hasta la fecha permite nuestra ocupación. Sin embargo estos mastodónticos organismos, lejos de mirar por el bien de la Humanidad y de defender la armonía del planeta, manejan al resto del mundo como si de marionetas se trataran, generando  una rueda de consumo y de necesidades que redunda exclusivamente en sus majestuosos beneficios, anteponiendo su cada vez mayor poder económico a la salud y el bienestar de la vida en general.

 

Su tremenda y lamentable sed de dinero y de poder no solo les ha llevado a transgredir todas y cada una de las leyes de la naturaleza, con los consiguientes irremediables daños ecológicos causados, sino que con muchas de sus acciones nos demuestran lo poco que para ellos valemos como seres vivos.

Enmascarados con una ficticia filantropía nos obligan a llevar el tipo de vida que ellos necesitan que llevemos. ¿Tal grado de tiranía y mezquindad puede llegar a ser posible? ¿Qué podemos hacer nosotros contra esos monstruos?.

Desde luego pelear contra ellos, incluso aunque lográramos concienciar a ejércitos enteros, sería totalmente inútil, pero, SÍ, podemos intentar desengancharnos de unas cuantas ataduras, de unas cuantas dependencias…,  ¡ No son imprescindibles ¡.

Procuremos utilizar nuestra imaginación – sí, eso que anda dentro de nuestra mente y que nos permite ser creativos, y que hemos olvidado desde que todo lo conseguimos a golpe de billetes… Pongamos al dinero en su sitio, bajémoslo de ese pedestal en que se encuentra, utilicémoslo como una mera herramienta sin permitir que nos controle. Aprendamos a vivir con menos, seamos más autosuficientes y así conseguiremos vivir la vida de una forma más auténtica, más intensa, y podremos sentir la satisfacción personal que produce el hecho de que uno genere sus propios recursos en coherencia con la Naturaleza.

Si consiguiéramos desligarnos poco a poco del sistema, éste, quizá, acabaría cambiando y adaptándose a nuestras necesidades, a nuestras exigencias … (¡Camino largo y tedioso…!). De no ser así, creo que tendremos que esperar a que se produzca una catástrofe mundial para empezar de nuevo.

Nosotros, en la Bioescuela, hemos conseguido un grado muy alto de autosuficiencia, y por ello sabemos que se puede hacer, que no es difícil, y lo más importante es que nos ha ayudado no sólo a vivir muchísimo mejor, sino también a apreciar el valor real que tienen las cosas, no su precio.

¡Gracias por recibir mi ladrido, y mi reflexión …!


Comentarios

… En cuanto al dinero … — 8 comentarios

  1. Los dos venenos que ciegan a la raza humana: el dinero y el poder. Nos hemos criado en la creencia de que necesitamos desear y amar al dinero, y permitimos que el nos clasifique y nos gobierne…Se puede ser mas tonto? Y que no nos caiga una onza de poder en las manos, porque enseguida nos creemos “todopoderosos” y nos cargamos a cualquiera que se nos ponga por delante! Pero que simples somos! Perdemos esa esencia humana tan maravillosa que nos ha dado la naturaleza por venerar a dos idolos tan mezquinos y tan bajeros como son esos dos…

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