InicioArticulos personalesEn serio… ¿merece la pena “ser bueno” en este mundo?

Son incontables las veces que he sentido una profunda decepción y una falta de fe irremediable hacia nuestra querida raza humana. Nada sorprendente, ¿verdad? Es patrimonio de los seres humanos juzgar y condenar constantemente a nuestros congéneres, erigiéndonos jueces infalibles, hechos de pura perfección y, por consiguiente, con derecho a acribillar a todo lo que no se ciña a nuestros estatutos mentales.

¡Vaya arrogancia! Pensamos que lo sabemos todo; que nuestras ideas y nuestros actos son los que valen; que el mundo, en realidad, se creó para nosotros y, por consiguiente, todo en él está a nuestra disposición con el único propósito de satisfacer nuestros deseos personales para alcanzar la felicidad…a costa de lo que sea.

Vivimos nuestras vidas mirándonos literalmente el ombligo, quemando cada día metidos en una rueda de rutina mecánica y de apatía emocional, como si todo lo que sucede estuviera reducido al espacio que ocupa el círculo alrededor nuestro. “El vecino de al lado… ¡que le den morcillas, a él y a sus problemas!” “En cuanto al caos presente en nuestro planeta… ¿para qué preocuparse? ¡Ya habrá alguien que se encargue de hacer algo!” “¿Que se nos manipula injusta y tenazmente? ¡Bueno! ¡Mientras yo pueda comer, tener donde vivir, y tirar para adelante cada día, que no me molesten con nada más!”

Ninguno de esos comentarios es inventado, por desgracia. Son sólo una pequeña muestra de lo que yo he escuchado infinidad de veces. Y tan triste como esta pasividad puede parecer por su grado de indiferencia y de egocentrismo, mucho peor es aún contemplar a aquellos que generan una actividad negativa y destructora contra todo lo que les sale a su paso. ¿Por qué? ¡Quién sabe! Quizá sea falta de educación y de principios humanos… o quizá sea una carencia de los valores fundamentales que forman nuestra esencia y que nos diferencian de una piedra, de una silla… A veces pienso que nuestras acciones barbáricas son producto del miedo, de la inconsciencia y de la ignorancia.

Sean cuales sean las causas, la verdad es que nuestro mundo actual está habitado por seres que viven regidos por una desmesurada e irracional sed de poder, de riqueza y de bienestar… Es cierto que, gracias a que nuestra raza posee una capacidad intelectual deslumbrante, hemos conseguido en muy poco tiempo llevar a cabo unos avances de toda índole que son dignos de admiración. Mencionemos, sin embargo, que, desafortunadamente, muchos, muchos, muchos de esos avances tan increíbles se han puesto al servicio de la Humanidad sin tener en cuenta las consecuencias negativas que pudieran generar. Por ello, nos hemos cargado el planeta, y con él a muchas especies que lo compartían con nosotros, y, además, nuestra misma especie vive en un estado de toxicidad y de enfermedad cada vez más prominentes que nos acabará llevando a nuestra propia extinción.

Yo, por mi personalidad sensible, busco conectarme con los demás a un nivel emocional. Y no es que no sepa ser racional y lógica cuando hace falta, sino que para mí el “interior” de las personas es infinitamente más importante. Necesito “sentir” a la persona que está delante de mí, necesito percibir su esencia humana y pura, sus valores auténticos, incluso si no son iguales que los míos, pero que manifiesten esa carga emocional, esa energía cálida que se supone nos caracteriza. Tristemente, cada vez me es más difícil conseguir ese contacto, cada vez me encuentro con más almas cerradas y vacías que solo le analizan a uno con una mente crítica y despectiva, y de los que hay que protegerse porque… ¡si se descuida uno, le absorben hasta la sangre!¡Cuántas veces me han dolido los ojos y el corazón al mirar alrededor y ver que hay que escarbar, literalmente, para poder encontrar algo que se salve en medio del caos y de la maraña en que nuestra sociedad se encuentra!

Siendo una persona tan apasionada por lo natural y por lo auténtico, que lucha cada día contra corriente por aportar una porción minúscula de energía positiva, he sentido en muchas ocasiones deseos de tirar la toalla, preguntándome si en realidad merece la pena todo ese esfuerzo, si hace alguna diferencia…

No es fácil encontrar respuesta a esas preguntas… pero la hay. Cuando uno se siente sumido en decepción y en desesperanza surgen chispillas de luz de vez en cuando que le llenan a uno de alegría y de orgullo. Para mí esa luz ha sido descubrir las labores maravillosas de tantas personas que han dedicado su vida y su esfuerzo a hacer mejor este mundo, con pasión y con entereza. Desde los que se entregan al cuidado del medio ambiente, hasta los que defienden el respeto y la consideración hacia los animales. Los que se niegan a aceptar el abuso y el sometimiento con que los que llevan el poder manipulan nuestras vidas, denunciando sus viles acciones y arriesgándose a ser castigados por defender los derechos de la Humanidad. Aquellos que eligen llevar una vida sencilla y pura sin depender de lujos estrafalarios ni de excesos irracionales, y que disfrutan compartiendo sus experiencias y sus ilusiones con los otros seres humanos.

Al acercarme a algunas de esas personas y a algunas de esas organizaciones he sentido sobre todo humildad y respeto, y además un calor interno que me ha llenado el alma de esperanza. Ahora entiendo que, incluso las acciones más insignificantes, realizadas desde lo más íntimo de nuestro ser, con el único propósito de traer un poco de luz limpia al mundo, aportan mil veces más energía positiva que las otras calamidades que desafortunadamente ennegrecen nuestra existencia.


Comentarios

En serio… ¿merece la pena “ser bueno” en este mundo? — 7 comentarios

  1. Después de leer lo expuesto,por cierto muy bien expuesto, estoy convencidísimo de que sí merece la pena …

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