InicioArticulos personalesPor qué me hice vegana…

Toda mi vida he disfrutado comiendo carne, en todas sus modalidades, al igual que otros productos de origen animal. En ningún momento se me pasó por la cabeza que esos productos procedieran de la tortura, del sufrimiento y del asesinato de esos seres para satisfacer mi apetito. ¿Por qué? No tengo respuesta. Sólo sé que desde siempre he tenido, también, una sensibilidad increíble hacia los animales, y que la simple noción de verlos sufrir me desgarraba por dentro, en concreto los animales con los que yo he convivido según el estilo de vida de mi familia, es decir, las mascotas típicas: perros, gatos, pajaritos…

Recuerdo que cuando mis hermanos y yo éramos pequeños encontramos una vez en el campo una caja con unos cachorritos. No me acuerdo exactamente por qué insana razón se hizo lo que se hizo, pero lastimosamente se decidió que había que deshacerse de ellos como única solución. Fui testigo de cómo mis hermanos intentaron ahogar en el pilón del jardín a los pobres perritos, sumergiéndolos bajo el agua mientras los empujaban con un palo. Esa escena se me quedó tan marcada que todavía ahora, cuarenta y tantos años más tarde, me descoloca mental y emocionalmente pensar en ello.

Hubo otra ocasión en que, viniendo del colegio por la calle Santa Engracia, vi a un perro en la esquina de una iglesia encogido y solo. Hacía bastante frío, y todo el camino hacia mi casa iba yo con la imagen de ese pobre perrillo en la cabeza. Toda la noche estuve pensando en él, y no me atrevía a decirles nada a mis padres. Al día siguiente, cuando salí del colegio, fui mirando por todos los lados a ver si lo encontraba, con auténtico deseo y con pena a la vez. Nunca lo encontré.

Uno de mis hermanos hizo su “Objeción de Conciencia” en A.N.D.A. (Asociación Nacional en Defensa de los Animales), que consistía en rescatar a montones de mascotas que sufrían algún tipo de abuso o de negligencia. Cada vez que escuchaba sus terribles historias recuerdo que sentía que se me clavaban en el pecho como si fueran cuchillos afilados.

Entonces, me pregunto yo, si tenía esos sentimientos tan profundos hacia los animales… ¿por qué no veía lo que había detrás de esos paquetes de carne y de pollo que me comía, o de los vasos de leche que me tomaba con tantas ganas, o de la cantidad de zapatos de piel que tenía en mi armario? Es como si mi mente hubiera estado en un estado de trance programado que me llevaba a actuar sin pensar, en parte por costumbre inculcada, en parte por tradición, o quizá por falta de consciencia sencillamente.

Yo estoy convencida de que muchas de las personas que van al supermercado y que se dirigen a los refrigeradores donde tienen docenas de bandejitas con todo tipo de carne, pescado, marisco, etc., piensan que todo eso creció allí, en los refrigeradores, como por arte de magia. Cierto es, también, que hay muchas personas que conocen perfectamente bien la procedencia de todos esos productos, y lo aceptan con justificada aprobación porque consideran que todos esos animales están en la Tierra para servirnos a nosotros, para ser nuestra comida, y que no tienen ningún tipo de sentimientos ni de derechos.

No puedo, ni debo, juzgar a ninguna de esas personas, porque hasta hace poco yo era una de ellas también. Eso sí, si veo a alguien maltratar a un animal delante de mí… ¡me tienen que sujetar para evitar que me eche a su cuello! ¡Qué cosa más increíble es la mente humana! Jamás acabaré de entender la manera en que entrenamos a nuestro cerebro para compartimentar nuestros sentimientos de una manera tan aleatoria e ilógica.

Después de involucrarme en la obra de La Bioescuela con mi hermano, y de empezar a familiarizarme con un entorno más puro y más natural, se despertó en mí un deseo de profundizar en ciertos aspectos de nuestras vidas que, hasta entonces, no me había molestado ni en considerar. Mientras escribía los dos libros acerca de la filosofía y de la intención de La Bioescuela, sentí como si se me abrieran el corazón y el coco, y aprendí una cantidad enorme de cosas que definitivamente han enriquecido mi vida desmesuradamente. Fue durante mi investigación para escribir esos libros que me enteré de la existencia de un vídeo, un documental disponible en youtube que trataba sobre el abuso de los animales. Ver ese documental cambió mi vida. Recuerdo el dolor punzante que sentía en el pecho mientras lo veía, como si alguien me estuviera estrujando el corazón con todas sus fuerzas…, y la tristeza y la indignación tan profundas que no me permitían ni respirar. No sé cuánto tiempo estuve llorando después de verlo…, creo que fueron días. La sensación fue increíble, como si de pronto hubiera caído del guindo y se me hubieran abierto los ojos. En ese momento comprendí muchas cosas.

Al contarles lo que me sucedió a algunas personas conocidas, me pareció increíble lo que muchos de ellos me decían: “¡Uy, de esos vídeos hay muchos! ¡Ya los conozco yo! ¡Seguro que son exageraciones, nada de eso es verdad!” Lo que no me cabe en la cabeza es que un ser humano, inteligente y con capacidad para sentir, pueda enterarse del tremendo castigo que sufren los pobres animales, de distintas formas, a cual más deplorable, y que no sienta la misma convulsión drástica que yo sentí…!

Nunca más he vuelto a consumir o a ponerme ningún producto animal. Ni mi cabeza ni mi corazón me lo permiten. He aprendido que al consumir, o llevar puestos, estos productos, no solo cometemos un acto barbárico y despiadado contra nuestros compañeros de especie, sino que además estamos contribuyendo a destrozar el medio ambiente de una manera irreparable. No olvidemos también que nuestro organismo no está diseñado para procesar productos de origen animal, por lo que nuestra salud cada vez sufre más los efectos tóxicos acumulativos que estos nos producen. ¿De dónde pensamos que viene el colesterol nocivo?

Tengamos presente que el abuso cometido hacia los animales no solo se da en las granjas y en los mataderos, sino que también se manifiesta en los circos, en los zoológicos, en las peleas de gallos y de perros (tan populares en muchos países), y por supuesto en los laboratorios, donde se les somete a torturas inimaginables.

¡Abramos los ojos! Reconozcamos que como compañeros de especie, con una inteligencia supuestamente superior, les hemos fallado a estos pobres seres, y continuamos haciéndolo día tras día…

(Por si quieres ver el vídeo:)

EARTHLINGS


Comentarios

Por qué me hice vegana… — 9 comentarios

  1. Richard, los que hicieron el documental, la compania “Nation Earth”, tardaron mucho tiempo en conseguir fondos para poder completarla y tuvieron que saltar montones de obstaculos y de travas hasta poder conseguir hacerla. No te puedes imaginar el mundillo tan negro que hay detras de todo lo que consumimos y los intereses tan feroces que mueven todo y a todos, ocultando la verdad y presentandonos una realidad totalmente falsa. Esa compania esta trabajando en dos proyectos mas, dos documentales majisimos que no tienen desperdicio. Uno se llama “Unity”, yo ya lo he visto en ingles. Para poder completarlos estan otra vez haciendo lo indecible para conseguir fondos, por eso, cada vez que alguien piratea sus videos y los coloca en youtube les hacen mucho danio. Dicho esto, si quieres ver el video gratis mira a ver si esta disponible aqui todavia:

    https://www.youtube.com/watch?v=y-L4QK6XUhA

    Si te interesa alquilarlo o comprarlo, entra en “nationearth.com” y elije la opcion correspondiente (claro que solo esta en ingles):

    http://www.nationearth.com/earthlings-1/

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